La mujer sale a trabajar fuera de su casa. Sin embargo esto no debería implicar que sus hijos coman mal.

Es cierto que es difícil organizar la casa, los niños y el trabajo entre otras miles de cosas. La vorágine laboral suele llevar a no poder pensar diariamente qué dejarles para que coman o qué tener preparado para la cena.
La repetición de comidas de forma frecuente origina protestas infantiles: “¡Otra vez, mamá! ¡Ya me cansé de comer siempre lo mismo!”. Y no sólo es una cuestión de protestas sino de salud. No se podrá garantizar una alimentación balanceada y completa si las preparaciones son siempre parecidas en base a lo que hay en la alacena, porque no se alcanzó a comprar verduras frescas y ya poco queda en el freezer.

Si se delega la tarea de decidir qué platos preparar, a la persona que quede a cargo de las tareas domésticas, puede suceder que ella no sepa cómo hacerlo o responda a los gustos y caprichos de los niños. Entonces, la cuota de comida chatarra aceptable se verá rápidamente superada. Quien quede a cargo de comprar y/o preparar los platos tiene que saber cómo hacerlo. Para esto, es preciso que no quede a su criterio sino que responda a lo pedido por la madre.
La clave para asegurar una buena alimentación en una familia en la que la madre trabaja fuera de casa es la planificación. Aquí se detallan los pasos para lograrlo:

1. Sentarse una vez por semana a pensar qué comerá la familia, teniendo en cuenta los horarios para almorzar de cada integrante y si vienen o no diariamente a comer a casa. Esta planificación puede hacerse en compañía de la persona que quedará a cargo de comprar y/o realizar las preparaciones. Lo fundamental es que después ella cumpla lo pautado.

2. Armar un menú de almuerzos y cenas para siete o cinco días (planeando sólo los laborables) con preparaciones que puedan ser realizadas por la persona que quede a cargo.

3. Variar las comidas en cuanto a consistencia, forma, colores y sabores. Contemplar las variaciones climáticas. En invierno predominarán las preparaciones calientes (al horno, en cacerolas, guisos) como en verano abundarán las frías (ensaladas, tartas, etc.).

4. Hacer la lista para ir de compras en base al menú armado respondiendo a las preparaciones planificadas, no olvidando ningún ingrediente. No importa quién sea el que efectúe la compra, lo que no puede faltar es el cumplimiento de lo anotado. Es común que al ir sin lista se compre siempre lo mismo o se agreguen artículos no necesarios olvidando alguno imprescindible. No conviene abastecerse de mucha comida chatarra sólo para tener por algún imprevisto ya que los chicos querrán comer aquello que vean en sus casas. Si la heladera y/o freezer está llena de la misma, los niños la comerán ya que se come lo que se compra. En cuanto a los productos lácteos u otros que tengan fechas de vencimiento cercanas a la de elaboración, calcular qué cantidad comprar según cuándo venza y cuánto consuma habitualmente la familia para que alcance hasta la próxima compra sin tener que tirar nada.
Es verdad que puede costar al inicio sentarse a planificar una vez por semana pero esto permitirá tener tiempo diariamente para otras actividades. A su vez, garantizará una alimentación saludable para toda la familia, aun cuando se está fuera de casa.
Lic. Mariana Yornet
Nutrición U.B.A.
M.N.3221